(J.P. Blaquier)
¿Nunca dormiste una siesta
con una novia siestera,
una tarde de llovizna,
llovizna la tarde entera?
¿Con una novia gatuna
de piel aterciopelada
que te acaricia en silencio
y te habla con la mirada?
Sólo el ruido de las gotas
sobre las chapas del techo
y a veces algún crujido,
es el crujido del lecho.
Por la ventana entreabierta
entra una luz apagada
y el perfume de las plantas
y de la tierra mojada.
Si nunca dormiste, hermano
una siesta parecida
es que hay algo que te falta
por vivir en esta vida.
miércoles, 26 de marzo de 2008
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